Como cada 5 de marzo, este año se ha celebrado el Día Mundial de la Eficiencia Energética. Una jornada que invita a la reflexión ya que, aunque se están dando pasos para que nuestra sociedad cambie el modelo energético, todavía queda mucho por hacer.

 

¿Qué es la eficiencia energética?

La “eficiencia energética” podría definirse como la capacidad de consumir menos energía, gracias a la tecnología disponible para tal fin, así como a hábitos de uso y consumo responsables.

Adoptar medidas de eficiencia energética, haciendo un uso racional de la energía, repercute positivamente en la competitividad de las empresas y la calidad de vida de las personas.

 

En qué beneficia la eficiencia energética

La eficiencia energética aumenta la competitividad de las economías ya que disminuye el consumo de energía por unidad de producto producido o servicio prestado.

Al mismo tiempo, mejorar en eficiencia energética reduce la polución ambiental y los gases de efecto invernadero (GEI), causantes del cambio climático

Según las recomendaciones del Grupo Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático, en el año 2050 Europa y el conjunto de economías desarrolladas deberían reducir las emisiones GEI un 80-95% por debajo de los valores de 1990, para “limitar el incremento de la temperatura media del planeta a 2ºC respecto a la época preindustrial”.

No obstante, si se quiere ir más allá y limitar el calentamiento global a un máximo de 1,5ºC, los expertos recomiendan establecer “objetivos aún más ambiciosos”, y se debe llegar a la neutralidad en las emisiones de gases de efecto invernadero antes de 2050.

Los científicos advierten de que, si no se actúa de manera urgente, es probable que el calentamiento de la Tierra supere en 2060 los 2 °C  por encima de los niveles preindustriales, y podría incluso llegar a los 5 °C antes de finales de siglo.

 

Objetivos ambiciosos

Europa se ha marcado el ambicioso objetivo para el año 2050 de ser un continente “neutro en emisiones de carbono”.

No obstante, a nivel global, queda mucho trabajo por hacer, según alerta el último Energy Efficiency 2019, el informe anual de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) sobre eficiencia energética.

La AIE alerta de que la intensidad de la energía primaria global, un indicador importante de cuánto utiliza la energía la actividad económica mundial, mejoró solo un 1,2% en 2018, la tasa más lenta desde el comienzo de esta década.

La Agencia alerta de que se trata de una disminución que se mantiene en los últimos tres años.

Para la AIE es fundamental que la intensidad de la energía primaria global sea de, al menos un 3% para lograr los objetivos globales de clima y energía.

Y señalan que es una oportunidad perdida: si esta tasa hubiera alcanzado el 3% durante los últimos tres años, se estima que se podrían haber generado 2,6 billones de dólares adicionales de producción económica en el planeta, (equivalente al tamaño de toda la economía francesa), por la misma cantidad de energía.

 

Hacia un nuevo cambio de modelo energético

Con más o menos rapidez y efectividad, lo cierto es que parece innegable que un nuevo modelo energético está en marcha.

En el caso de las ciudades y núcleos urbanos, el modelo por el que se trabaja es el de que los edificios no solo sean energéticamente eficientes  (es decir, que no derrochen energía) sino que, además, gracias a la integración de energías renovables, puedan producir sus propios recursos energéticos. E, incluso, vender los excedentes  que produzcan mediante el autoconsumo.

Pero, para que esto sea posible, se necesita la colaboración de todos los extractos sociales. Desde las personas, que poco a poco van concienciándose y adaptando los hábitos de consumo, hasta las empresas, entidades bancarias, gobiernos e instituciones…

La sociedad cuenta con grandes aliados en esta batalla: las empresas de servicios energéticos (ESEs) como Remica.

Según el Observatorio de Eficiencia Energética, elaborado por ANESE, las empresas de servicios energéticos  logran, de media, un 30 % de ahorro energético por proyecto y una reducción de 64.300 toneladas de CO2 en total.

En Remica, gracias al aumento de la eficiencia energética de nuestras instalaciones logramos un ahorro medio de 138 toneladas de CO2 por instalación.

Dado que ninguna instalación es igual a otra, antes de aplicar ninguna medida, realizamos un diagnóstico especializado gratuito de la instalación.

Para solicitar información, escríbanos a través de este formulario o llame al teléfono 91 396 03 03.