En un artículo para El País, el economista y pensador Jeremy Rifkin afirmaba, ya hace unos años, que nos encontramos en una tercera revolución industrial, la de la energía y la comunicación.

Sin embargo, al mismo tiempo que forma parte de nuestro día a día, cuando encendemos la luz, ponemos combustible en nuestro coche o usamos el ordenador, el sector energético sigue siendo considerablemente complejo para una gran mayoría de los usuarios.

El acceso a la energía forma parte de nuestro bienestar. Vivimos en un entorno en el  que es difícil imaginar que alguien no tenga luz o agua caliente. No obstante, el contexto de crisis en el que aún nos encontramos ha mostrado un aspecto completamente distinto, el de hogares que se han quedado sin acceso a un servicio que consideramos tan básico.

Al mismo tiempo, unos hábitos de consumo poco idóneos, instalaciones anticuadas o en condiciones inadecuadas, sumadas a políticas de escasos resultados, están poniendo nuestro entorno en una situación límite, con niveles de contaminación insostenibles que están afectando, de forma irreversible, a nuestro futuro.

Si a todo ello sumamos la escalada de precios de los últimos años y facturas complicadas ¿Es extraño que los consumidores no entiendan qué ocurre? Quizás la comunicación por parte de las entidades que formamos parte de este sector, empresas e instituciones, no haya sido del todo acertada. El medio ambiente se ha convertido en un reclamo comercial, en una técnica de marketing más que un compromiso real, que debería primar por encima de otros intereses.

Un compromiso con la sensibilización en cuanto al uso racional de la energía. Un compromiso para ofrecer información veraz, útil y accesible; que apele a la responsabilidad de empresas, instituciones y consumidores. Porque todos tenemos nuestra parte a la hora de lograr un cambio, a la hora de ser más eficientes.

Aquellos que nos hayan leído en otras ocasiones, habrán visto repetirse muchas veces “la única energía barata y que no contamina, es aquella que no se consume” o “La eficiencia energética es la única apuesta sostenible y rentable para lograr un cambio en el modelo energético actual”.

Éste es el compromiso de Remica, porque la eficiencia energética puede hacer de la energía un servicio accesible para todos, una garantía de bienestar. Porque la eficiencia energética nos permite ser más sostenibles y respetuosos con nuestro entorno, sin perder calidad de vida. Porque no hay mejor apuesta que el mañana que nos gustaría tener.

Ser transparentes, sensibilizar, ofrecer información de forma sencilla y comprensible, hacer fácil lo difícil… Estos son algunos de los objetivos que se marcó esta compañía cuando, hace más de dos años, decidió apostar por una política de comunicación corporativa más social. Entendiendo que la comunicación es una herramienta de gestión que puede ir más allá del logro de metas empresariales, se optó por una mayor orientación a las personas, fundamental para que el sector energético deje de ser, al menos en el ámbito que nos atañe, un desconocido.

Desde normativa hasta consejos sencillos para ahorrar energía, pasando por las últimas tecnologías, sumado a todos los canales de Remica en redes sociales, continuamos trabajando para ser más accesibles y que la comunicación con nuestros usuarios sea más cercana y bidireccional. Desde aquí, gracias a las personas que cada día lo hacen posible, que cada día nos siguen, nos leen, nos escriben, … Gracias.

Carmen Sánchez-Laulhé
Directora de Comunicación de Grupo Remica