El Plan A de Calidad de Aire y Cambio Climático presentado por el Ayuntamiento de Madrid  incluye una medida (la número 23) para fomentar los sistemas de climatización eficiente de bajas emisiones.

Una medida que no podía faltar dada la creciente preocupación por la calidad del aire de la Ciudad de Madrid, donde en los últimos tiempos se ha convertido en algo habitual adoptar medidas excepcionales para tratar de mantener los niveles de contaminación atmosférica dentro de unos parámetros adecuados para la salud de las personas.

El Plan A contempla 30 medidas, todas ellas encaminadas a conseguir un triple objetivo: garantizar la protección de la salud de los ciudadanos frente a los efectos de los contaminantes atmosféricos, contribuir a la lucha contra el cambio climático reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y potenciar la resiliencia urbana frente a los efectos climáticos.

Para ayudar a cumplir la medida 23 de este plan, centrada en fomentar sistemas de climatización eficiente de bajas emisiones, las empresas de servicios energéticos (ESEs) tienen mucho que aportar ya que, frente a las empresas de mantenimiento tradicionales, estas compañías se ocupan de optimizar el máximo rendimiento energético de las instalaciones térmicas, minimizando los derroches de energía, al tiempo que se garantiza el confort de los usuarios. A menos energía consumida, menos emisiones de gases contaminantes a la atmósfera y, en consecuencia, mejor calidad del aire.

climatización eficiente

Se ha avanzado en climatización eficiente, pero queda mucho por hacer

En lo que respecta a las instalaciones térmicas, desde hace tiempo instituciones, empresas de servicios energéticos y diversas organizaciones han trabajado intensamente para eliminar de manera progresiva los combustibles de origen fósil como el carbón por otros menos contaminantes. Así lo prueba el Inventario de Emisiones de la Ciudad de Madrid, recogido en el Plan A. “Las emisiones derivadas del uso de combustibles en instalaciones de calefacción en el sector residencial, comercial e institucional han reducido su contribución tanto en las emisiones de gases de efecto invernadero como en los niveles de contaminación atmosférica de la ciudad”, explican en el documento.

No obstante, la Medida 23: Fomento de sistemas de climatización eficiente de bajas emisiones del Plan A invita a ser más ambiciosos a este respecto. Algo que se pretende lograr a través de la consecución de cuatro objetivos: eliminar el uso del carbón en 2020, fomentar la sustitución de calderas de gasóleo; regular el uso de la biomasa en el municipio de Madrid y fomentar proyectos de redes de calor y frío de alta eficiencia.  A continuación explicamos en detalle cada uno de estos objetivos.

 

Objetivo 1: Eliminar el uso de carbón en 2020

Según datos proporcionados por el propio Ayuntamiento, existen aproximadamente unas cuatrocientas instalaciones calderas de carbón aún operativas en el municipio de Madrid; un número “residual” teniendo en cuenta los miles de edificios que pueblan la capital madrileña.

¿Por qué entonces es importante eliminarlas? Las instalaciones de carbón son altamente contaminantes y muy ineficientes. Lo que sucedía hasta ahora es que no existía obligación de cambiar este tipo de calderas por otras más eficientes. Además, si se quiere acometer la individualización para reducir el consumo energético y controlarlo con válvulas termostáticas, no es posible en las instalaciones de carbón ya que no se puede controlar el caudal y la presión del circuito hidráulico.

Aunque el Reglamento de Instalaciones Térmicas de los Edificios (RITE) prohíbe la utilización de combustibles sólidos de origen fósil (carbón) en las instalaciones térmicas de los edificios a partir del 1 de enero de 2012, se podía seguir usando carbón si no fuera posible el cambio a otra fuente de energía sin hacer reformas en la instalación. Eso sí, si las calderas tuvieran que ser reformadas, la comunidad de propietarios debería cambiar de combustible.

Por lo tanto, la medida propuesta por el Ayuntamiento de Madrid  de eliminar definitivamente el uso del carbón en 2020 supondrá un cambio significativo en el tratamiento que se ha dado hasta ahora a este tipo de instalaciones.

 

Objetivo 2: Fomentar el cambio de calderas de gasóleo

Además de la eliminación de las viejas instalaciones térmicas de carbón, el Ayuntamiento de Madrid también quiere fomentar la renovación de las instalaciones de gasóleo de baja eficiencia por otras de combustibles menos contaminantes, como por ejemplo, el gas natural, donde además la tecnología permite instalar calderas más eficientes.

La Medida 23 del Plan A recoge la intención del consistorio madrileño de participar con la Comunidad de Madrid en el Plan Renove de sustitución de calderas de gasóleo.

Aquellos que trabajamos en el sector de la eficiencia energética sabemos por propia experiencia que, en la actualidad, en el sector residencial, muchas comunidades de propietarios que deciden renovar sus viejas calderas de gasóleo lo hacen apostando por centrales térmicas de alta eficiencia con calderas de condensación a gas natural las cuales, respecto a las viejas instalaciones, pueden conseguir ahorros energéticos de hasta el 30%.

El efecto es palpable en  dos aspectos: el importe de las facturas, que es mucho más bajo, y también en un descenso en las emisiones de gases contaminantes. Si bien es cierto que en la práctica todavía se aprecia un escaso interés en los usuarios de las instalaciones respecto a lo que este hecho supone para la calidad del aire que ellos mismos respiran, no cabe duda de que en un futuro será una cuestión muy valorada por las nuevas generaciones.

Concienciar a la población es importante y, por ello, cualquier cambio de instalación térmica para hacerla más eficiente debería contar con un sistema de certificación que acredite tanto los ahorros energéticos como la disminución de emisiones contaminantes que ha supuesto esta medida. Es el mejor modo de que el propio usuario final pueda realizar un seguimiento de cuál es la efectividad de las mejoras puestas en marcha.

 

Objetivo 3: Regular el uso de la biomasa en el municipio de Madrid

Sin lugar a dudas, uno de los grandes retos a los que se enfrentan las grandes ciudades europeas del siglo XXI es poder satisfacer las necesidades energéticas de una población de miles o millones de habitantes.

En 2016 se contabilizaron 3.165.883 habitantes empadronados en la ciudad de Madrid. ¿Cómo lograr que los habitantes de una urbe con semejante tamaño tengan sus necesidades de calefacción y climatización cubiertas sin que eso suponga la emisión de millones de toneladas de gases contaminantes que conviertan en tóxico el aire que respiran?

Una de las soluciones es usar combustibles menos contaminantes.  En este sentido, se considera que los biocombustibles sólidos procedentes de materia vegetal, como la biomasa, tienen un enorme potencial de desarrollo como fuente energética alternativa para sistemas de calefacción. Sin embargo, los autores del Plan A reconocen que estos combustibles en ciudades como Madrid plantean cierta incertidumbre en lo que respecta a aspectos ambientales relacionados con sus emisiones y su impacto sobre la calidad del aire urbano.

Lo primero que hay que entender con respecto a la biomasa es que se considera un tipo de energía sostenible ya que genera un “balance neutro en la emisión de dióxido de carbono”. Al proceder de materia vegetal, se entiende que la biomasa compensa sus emisiones contaminantes con el dióxido de carbono que absorbieron las plantas durante su crecimiento, pero es muy distinto el lugar donde se absorbió el CO2 (generalmente en zonas rurales) de dónde se emiten los gases de combustión, que es en la ciudad.

Existen diversos tipos de combustibles sólidos que pueden ser utilizados para alimentar los sistemas de calefacción basados en biomasa. En España los más frecuentes son la astilla, el pellet y el hueso de aceituna; realizados a partir de materias vegetales autóctonas. Lo que sucede con la biomasa es que si hubiera que importar la biomasa desde entornos muy lejanos, el “balance neutro en la emisión de dióxido de carbono” se rompería, al tener que sumar las emisiones del transporte.

Precisamente, el transporte de la biomasa es un aspecto fundamental a tener en cuenta en ciudades como Madrid, con más de tres millones de habitantes. Al tratarse de combustibles sólidos, es necesario que sean transportados por carretera hacia los puntos de consumo donde son almacenados hasta que se emplean para alimentar la caldera. A día de hoy sería prácticamente imposible poder abastecer a toda una gran ciudad mediante este método por el colapso que eso causaría, ya que no existen fuentes de biomasa en la propia ciudad y deben traerse desde zonas rurales próximas.

Por ello, la biomasa tiende a encajar mejor para alimentar a grandes centrales térmicas y/o entornos rurales que  en miles de viviendas de grandes ciudades. Y, aunque es verdad que las instalaciones de biomasa pueden sustituir a todo tipo de calderas  (ya sea de carbón, gasoil, gas…), antes de proponer esta solución a las comunidades de propietarios, las empresas de servicios energéticos deben tener en cuenta diversos factores para saber si se trata de una solución viable. Entre los factores a tener en cuenta se encontrarían la garantía de suministro, la calidad y el precio de la biomasa; el coste de la instalación y el retorno de la inversión para implementar la fuente de energía más económica y adecuada a cada caso particular.

Por todo ello, la medida 23 del Plan A refleja cierta preocupación por la carencia de regulación en España, así como la posible contribución de los biocombustibles sólidos “al incremento de los niveles de determinados contaminantes que afectan de manera importante a la salud humana como son los hidrocarburos aromáticos policíclicos”.

Y es que no hay que olvidar que al quemar combustible, las calderas de biomasa emiten partículas a la atmósfera. Por ello, a partir de cierto nivel de potencia, deben incorporar un ciclón de humos que garantice el mínimo de emisiones al medio ambiente. Esta tecnología, que ya aplican las calderas de biomasa de alta gama, hace posible que este tipo de tecnología pueda utilizarse en núcleos urbanos.

Otra tecnología destacable es la que aplican ciertos fabricantes de calderas, la mayoría austriacos, que incorporan cámaras de combustión con parrillas móviles e intercambiadores de calor con turbuladores, que ralentizan el flujo de gases y mediante torbellinos, posibilitan que las partículas pesadas se decanten en el propio intercambiador evitando su emisión por la chimenea.

Claro que la implantación de estas medidas depende en gran medida de la decisión que tomen los propietarios de las instalaciones. Por ello, entre las actuaciones que plantea el Ayuntamiento de Madrid dentro de la Medida 23 se encuentra la entrada en vigor de una normativa reguladora de biomasa para los años 2018-2019.

 

Objetivo 4: Fomentar proyectos de redes de calor y de frío de alta eficiencia energética

Además de impulsar mejoras tecnológicas en las instalaciones y de promover el uso de combustibles menos contaminantes, la Medida 23 del Plan A refleja que, para mejorar la eficiencia energética, frente a sistemas convencionales de calefacción, agua caliente sanitaria (ACS) o climatización, se tratarán de implementar sistemas basados en la centralización de generación de calor y frío y posterior distribución mediante redes.

Con ello, el consistorio muestra su apoyo a las iniciativas de district heating; una solución que de momento es minoritaria en nuestro país. Según el Censo de Redes de Calor y Frío 2016, elaborado por la Asociación de Empresas de Redes de Calor y Frío (ADHAC) en colaboración con el Instituto para la Diversificación y el Ahorro de la Energía (IDAE) existen en España unas 306 redes, 59 más que en 2015, con una potencia total instalada de 1.219 MW.

Las redes censadas suministran energía a más de 4.000 edificios, tanto residenciales como dotacionales e industriales, y tienen una extensión de más de 550 km. Estas cifras suponen un ahorro de 180.000 toneladas de emisiones de dióxido de carbono al año y un ahorro medio del 82% en el consumo de combustibles fósiles.

Sin embargo, nuestro país se encuentra muy por debajo de los niveles de implantación de otros países europeos: mientras que el mercado español de los district heating abastece a menos del 1% de los usuarios de instalaciones térmicas, la media europea se sitúa por encima del 12%.

En el sector residencial, el principal factor a valorar sobre si compensa o no instalar una red de district heating desde el punto de vista energético son las pérdidas por distribución y lo intensivo o no del consumo. Por ello, es una solución poco utilizada en poblaciones muy pequeñas o con pocas viviendas, y, en cambio, se valora en edificios con un volumen de usuarios elevado.

En el caso del municipio de Madrid, ¿qué acciones planea adoptar el Ayuntamiento para fomentar el district heating? El consistorio madrileño, a través de la Medida 23 del Plan A manifiesta su disposición a colaborar de manera administrativa para impulsar proyectos de despliegue de redes de calor y frío de alta eficiencia, así como  apoyar su “difusión y, en su caso, la previsión de los mismos en la planificación de la ordenación del suelo”.

También se refleja que, se deberá valorar caso por caso la idoneidad de los proyectos, teniendo en cuenta distintas variables, entre ellas:

  • La ubicación de la intervención.
  • La eficiencia energética de los edificios a los que la red daría servicio.
  • El número de edificios que podrían beneficiarse de este sistema.
  • La eficiencia energética del sistema proyectado.